Y AHORA QUÉ…?

Nunca superado el dolor. CarmeloSin embargo, ahora es otro tiempo; es tiempo para reflexionar después sobre lo que quizá no se haya planteado antes de la desgracia sufrida. Lo que importa desde estos momentos es tener muy en cuenta lo que ha pasado. Líbreme yo de juzgar una actuación sin el criterio firme que se basa en los fundamentos, en los hechos ocurridos. No puedo hacerlo por la simple y contundente razón de que no estuve allí, en el sitio en que aconteció la muerte de nuestro compañero Eloy en Oviedo. No me hace falta, sin embargo, ningún argumento para estar convencido de que el oficio de bombero es una profesión de riesgo. Dejémonos ya de tonterías con esas estúpidas comparativas: que si hay otras profesiones con mayores peligros, que si un albañil en la obra corre más riesgo, que si tal que si cual; son memeces de los que queriendo impedir caracterizar al bombero como héroe o empleado especial, hacen lo posible por desdramatizarlo. Nadie habla de héroes aquí, sino de víctimas, y cualquiera que lo sea y allí donde se produzca, a la par que lamentarlo se habrá de intentar evitarlo en lo sucesivo. Pero hay otra parte que me carga de dudas siempre que sucede una tragedia así: ¿se ha hecho todo lo posible por evitarlo? No voy a referirme ahora a metodologías, sistemáticas, procedimientos ni a si lo uno o lo otro ha sido adecuado. La teoría de la organización resulta muy afectada por la precipitada y practica realidad de un siniestro sorprendente. Que no digo yo que no tengamos que cuidar nuestras formas, mejorar nuestras intervenciones y avanzar siempre hacia la perfección, pero no nos rasguemos las vestiduras con eso, pues el carácter de un siniestro como el sucedido en Oviedo tiene muchas vicisitudes y demasiadas previsiones inalcanzables que requieren la improvisación. No; prefiero hoy referirme a un asunto del que si tengo constancia desde cuando yo estaba en esto de ser bombero (lo fui durante cuarenta años), y que sí que es previsible: se trata de los tópicos dañinos de los que se ponen enfrente —que no al lado— de los que plantean sus reivindicaciones exigiendo una mayor atención a las necesidades, con el principal objetivo de obtener una calidad de servicio que proteja más y mejor a nuestra sociedad. No quiero que parezca demagogia; es una enorme verdad, que he sufrido desde distintas perspectivas: la del sindicalista, la del jefe de Parque de Bomberos, la del trabajador en definitiva ante esa, siempre insensible empresa que es la Administración cuando se convierte en el patrón tirano de las imposibles negociaciones, representada por políticos que dicen defender los intereses públicos, y lo que hacen es subestimar cualquier razón que un profesional pueda demostrarles. Luego, coyunturalmente, su falsedad se convierte en inservibles manifestaciones de duelo, cuando suceden desdichas como la acaecida en Oviedo, con la única premisa de que el tiempo trascurra para olvidar. A eso quiero referirme. Tengo muchísimos ejemplos para demostrar lo que digo ¿Será esta la primera vez que se conciencien los que tienen que hacerlo para mejor las dotaciones, tanto materiales como de personal, del Cuerpo de Bomberos? Porque entre todas mis dudas, no se haya la de que los bomberos necesitan una mejora de sus medios para poder dar mejor servicio y, de paso, intentar evitar la muerte.

Carmelo Vega Terceño

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de kazamentiras Publicado en OPINION